Tres notas sobre Rubén Salazar Mallén…
Rubén Salazar Mallén en primera persona*
Rubén Salazar Mallén
Si me lo preguntaran, yo diría que las novelas que he publicado pueden clasificarse en dos grupos. En uno de ellos, cabrían las obras que se sustentan en la vida privada: Camino de perfección (1937), Soledad (1944) y La iniciación (1966). En el otro grupo habría que incluir las obras cuya base es la vida social: Páramo (1944), Ojo de Agua (1949), Camaradas (1959), ¡Viva México! (1968), La sangre vacía (1982) y El paraíso podrido (1986).
Claro que esa clasificación es convencional y relativa, porque en la novela, como en la realidad, la vida privada y la vida social se entrecruzan y hasta se imbrican.
A eso hay que añadir que una antología novelística de un solo autor, sólo puede lograrse desde una disposición arbitraria, ya que una novela es una totalidad que no puede ser representada por una de sus partes o uno de sus capítulos. Puede, eso sí, dar idea de la evolución literaria del autor de las novelas.
* Publicado en Rubén Salazar Mallén. Material de Lectura, editado por la UNAM, en la colección del mismo nombre, en la serie “El cuento contemporáneo”, No. 32 (título del editor del blog).
Hemos venido a cumplir un destino… Rubén Salazar Mallén**
Javier Sicilia
“Las fechas -dice Borges- son para el olvido”, pero en este caso nos dan luz sobre la personalidad de un hombre y aclaran las relaciones de su obra.
Rubén Salazar Mallén nace en Coatzacoalcos, Veracruz, el 9 de julio de 1905. A los cinco años vive la Revolución. Muy joven se traslada a la ciudad de México donde sufre una hemiplejía que lo acompañará toda su vida y estudia Derecho. Escribe novelas que incinera. Hace un periodismo mordaz que le da cierto renombre. Como todos los inconformes se rebela y milita en las filas del vasconcelismo contra un sistema político que en 1929 preludia el fracaso de los ochenta. Decepcionado ingresa en 1930 al Partido Comunista. Una nueva decepción paradójicamente lo lleva al fascismo. Escribe la primera novela anticomunista, Cariátide, cuyos fragmentos publicados en la revista Examen, dirigida por Jorge Cuesta, desencadenan una persecución judicial contra ellos. A partir de 1944 rompe con el fascismo y abraza el anarquismo. Pero su pasado lo condena. Ese mismo año el consejo de la revista El hijo pródigo rechaza la publicación de su obra Páramo: “Es por tus ideas políticas, eres reaccionario.” “Sé que defendiste al fascismo en México, mientras que a mi familia la asesinaban los fascistas de España, por consiguiente tengo que oponerme a ti.” Desde entonces su obra conoce la marginalidad.
Las razones son de orden político. La literatura mexicana de nuestro tiempo, por lo menos hasta hace poco, cuando muchos decepcionados por el marxismo y su promesa reconocieron que la culpabilidad nos pertenece a todos, repudiaba a cualquier escritor que hubiese sido sospechoso de fascismo; consideraba que ser de izquierda era una virtud; aceptaba, como un dogma, que quienes habían sido fascistas, aunque el arrepentimiento los hubiese hecho avergonzarse, eran incapaces de escribir con altura. Otros no, otros, que disintiendo del dogma comunista no habían coqueteado con el fascismo, eran bien vistos. La literatura mexicana podía exhibir sin vergüenza las obras de Revueltas o las de Paz.
A Dios gracias, muchos de nosotros ya no vivimos de la condena. Adolecemos de graves defectos, pero no del defecto de la falta del perdón. Ahora podemos también frecuentar a Salazar Mallén sin temor y reconocer que su obra literaria nada tiene que ver con el fascismo y mucho con el hombre. A diferencia de otros que ponen su literatura al servicio de su ideología, Salazar Mallén ha hecho de su contradictorio peregrinar político un estilo de vida que le ha permitido describir la miseria humana. Lo que confirma esa extraña frase de las tradiciones religiosas: “Hemos venido a cumplir un destino.” Si Salazar Mallén fue y es contradictorio, ha sido para narrar nuestra realidad: el universo también contradictorio que se oculta tras el decorado de la historia; el universo de los caciques, de la intimidad del Partido Comunista de los años treinta, de la corrupción de nuestro sistema político, de la guerrilla urbana, de la lascivia y las pasiones, de los laberintos del poder.
[...] El mundo de la miseria recorre sus líneas con todos los adjetivos de la mordacidad y de la decepción. Es una invitación para encontrarnos con sus libros.
** Nota introductoria de Rubén Salazar Mallén. Material de Lectura, editado por la UNAM, en la colección del mismo nombre, en la serie “El cuento contemporáneo”, No. 32 (título del editor del blog).
Salazar Mallén, escritor corrosivo para el poder***
Jorge Luis Espinosa
En el centenario del autor de El Paraíso Podrido impera el silencio hacia la obra de quien fue excluido de círculos literarios; irrumpió con el lenguaje duro en la novela mexicana de la segunda mitad del siglo XX.
Cuando hace 100 años, un 9 de julio, Rubén Salazar Mallén llegó al mundo en el poblado de Coatzacoalcos, Veracruz, nadie imaginaba que recorrería prácticamente todo el siglo como esa “bestia negra” o “lobo solitario” de la literatura mexicana dispuesto a morder al poder de todo tipo: literario, político o financiero.
Hombre de izquierda como de derecha, comunista y fascista a tiempo y destiempo, amigo de políticos como Miguel Alemán y de radicales como José Revueltas, periodista devastador y atento maestro de los jóvenes, Salazar Mallén vivió y agotó el siglo XX mexicano en casi todas sus aristas.
Pero si las pasiones políticas y la seducción de las ideologías fueron incendios de días o años, la literatura fue el fuego que nunca menguó ni ante las peores tormentas o el silencio del entorno, capitaneado por el entonces presidente de la República de las Letras: Octavio Paz, quien nunca perdonó a Salazar Mallén haberlo acusado de oportunista.
“Yo lo conocí en la Facultad a mediados de los 70. Era profesor de Historia de las Ideas Políticas. Nos hicimos amigos y fui a su casa. Nadie lo leía y publicaba en una editorial marginal: Costa Amic. Pero era muy impresionante ver a este hombre marginado por todos escribiendo cuando había perdido todos sus lectores como novelista, aunque no como periodista”, recuerda el poeta Javier Sicilia, quien en los 80 inauguraría un resurgimiento de la vida y obra de Salazar Mallén.
Aunque hoy, dice, el silencio ha vuelto en torno de él. De su centenario nadie se acordó. “Hubo intentos tímidos de hacer algo en la UNAM, pero finalmente no sucedió nada”, explica Sicilia.
De hecho, lo único que ha sucedido recientemente con Salazar Mallén es la reedición de Soledad en la colección Confabuladores de la UNAM este año. “Esta es su novela mayor y las más reeditada, pero sería bueno que el Fondo de Cultura Económica publicara, sino sus Obras reunidas, por lo menos todas sus novelas”, precisa el autor de La presencia desierta.
Sicilia es uno de aquellos jóvenes que junto con José Luis Ontiveros, Christopher Domínguez, Evodio Escalante y otros, se reunieron en torno de Salazar Mallén en los últimos años de su vida. “Las generaciones anteriores a la mía miraban con desdén o sorpresa la fascinación provocada entre nosotros por un escritor que algunos ya creían muerto o jubilado gracias a la justicia del olvido”, escribe Domínguez Michael en Tiros en el concierto.
Y más raro aún, que Salazar Mallén llamara lo mismo a un escritor de orientación fascista como Ontiveros, que a un poeta de profundas convicciones cristianas como Sicilia o a un ácido crítico como Domínguez Michael; los tres, autores de los mayores ensayos en torno del autor de El paraíso podrido.
El paraíso perdido
A Salazar Mallén la vida casi nunca le fue fácil, sobre todo a partir de los 13 años cuando sufre una hemiplejia y queda con un lado del cuerpo dañado, por lo cual tenía que arrastrar una pierna y su brazo permanecía inmóvil, como la garra de una ave de presa, preparada para un combate que no tardaría en llegar.
Porque, como anota Domínguez Michael, los hombres que sufren la desgracia del defecto físico a menudo escogen entre la vergüenza y la provocación. “Rubén se vanagloriaba de su cuerpo de svástica y con esa actitud decidió merodear por la literatura mexicana como un lobo solitario, desdeñoso de las sobras del banquete y dispuesto a contagiar la rabia”.
Periodista dipsómano y devastador, hombre de todos los burdeles, mexicano fracasado y resentido, amargado y feroz, Salazar Mallén, recuerda Domínguez Michael, fue la mala hierba en el jardín del progreso, “inofensiva, pero aún hostil”.
Para Javier Sicilia, Rubén Salazar Mallén ha sido el más incómodo de los escritores mexicanos. “Una leyenda de bestia negra, que cultivó con fruición, lo persiguió toda su vida. Quienes lo odiaban lo llamaban ‘Cuasimodo’ o ‘La Svástica’. Su vida y su obra fueron una rebelión y una afirmación de sí, que lo llevaron por todos los derroteros y todas las confrontaciones”.
Algunas de ellas lo pusieron en la cárcel y otras le provocaron golpizas, ya por su antiguos camaradas rojos o en la cantina. “Como que siempre había alguien con quien chocaba. Yo lo tuve que defender en algunas ocasiones”, dice un antiguo contertulio suyo del Café La Habana, uno de aquellos “Metáforos”, con los que el autor de Cariátide se reunía todos los días en los años 50.
Este antiguo compañero suyo, cuyo nombre prefiere omitir para evitar “colgarse” de la fama de Salazar Mallén, refiere que como sabía un poco de box, en algunas ocasiones tuvo que enfrentarse a quienes se pasaban de listos. “Recuerdo que en una ocasión, un poeta al que le llamaban El Peruano se le ocurrió estrellar a Rubén contra la pared. Lo busqué y le di su merecido”.
Los “Metáforos” no querían ni a Alfonso Reyes, ni a Salvador Novo ni mucho menos a Octavio Paz. “Del café de La Habana salieron frases como: Nalgador Sobo o Capeluquita Roja, como le decíamos a Novo, porque usaba una peluca de color caoba. En cambio a Alí Chumacero le decían Alí Chupacuero. Eramos como adolescentes en pleno juego. A Rubén le decíamos: Rumbel Nalgazar Mayate”.
Una novela perfecta
Si para Domínguez Michael, Salazar Mallén es un novelista menor, excepto por Soledad, para Sicilia el autor de Cariátide es un escritor sumamente importante dentro de las letras mexicanas, con todo lo contradictorio y aberrante que podría ser su pensamiento político.
Soledad (1944) dice Sicilia es una novela perfecta y Cariátide que luego resurge con el nombre de Camaradas es la primera novela urbana y anticomunista en México. En ella se denuncia el totalitarismo en que devendrían los régimenes socialistas. Además es la primera novela mexicana donde se incluyen malas palabras”.
De hecho, como recuerda Sicilia, Jorge Cuesta publicó en la revista Examen los dos primeros capítulos de Cariátide, donde la lengua de la calle y las mentadas de madre se hacían explícitas.
Pero por ello mismo fueron acusados y procesados por atentar contra el pudor y las buenas costumbres, algo de lo que finalmente fueron exonerados por el juez Jesús Zavala en 1932.
Pero a Cariátide la mala suerte la perseguiría, porque nunca fue publicada. “En una borrachera, Salazar Mallén la quemó, porque, decía, esa noche hacía mucho frío y la usó para calentarse, aunque luego retomaría el tema en Camaradas.
Pero en los 80, Sicilia hurgando en el archivo de Salazar Mallén encontró algunos fragmentos que se habían salvado del fuego, con los cuales publicó Cariátide a destiempo y otros escombros, un libro que devolvió a Salazar Mallén a la actualidad.
*** Publicado en El Universal, viernes 08 de julio de 2005.


hola: me interesaria saber que otro material tienen acerca de Ruben Salazar Mallen, fotos, libros etc. es para mi tesis.
muchas gracias
manolo
Noviembre 12, 2008 a 12:08 am