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	<title>Almacén de Notas</title>
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		<title>Norma Lazo: novelista</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Nov 2008 02:28:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>morariverajj</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artistas veracruzanos]]></category>
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		<description><![CDATA[Asesinar la esperanza* Lazo, Norma, El dolor es un triángulo equilátero, Cal y Arena, México, 2005, 158 pp. Luis Arturo Ramos Con base en una novela dividida en dos partes, Norma Lazo construye un polígono literario donde los sentimientos y las acciones constituyen los vértices y flancos de la compleja pero también predecible condición humana. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=47&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/lejania.jpg"><img class="size-medium wp-image-49 alignright" style="border:2px solid black;margin:2px;" title="lejania" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/lejania.jpg?w=300&#038;h=140" alt="lejania" width="300" height="140" /></a><span style="color:#333300;"><em><strong>Asesinar la esperanza*</strong></em></span></p>
<p style="text-align:right;">Lazo, Norma, <em>El dolor es un triángulo equilátero</em>, Cal y Arena, México, 2005, 158 pp.</p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#ff0000;">Luis Arturo Ramos</span></p>
<p style="text-align:justify;">Con base en una novela dividida en dos partes, Norma Lazo construye un polígono literario donde los sentimientos y las acciones constituyen los vértices y flancos de la compleja pero también predecible condición humana.<br />
Utilizo el término “predecible” porque, tal y como exige la universalidad de las emociones, toda historia que involucre al ser humano está condenada a comunicar el sufrimiento. O al menos tal parece el planteamiento de esta novela. Asumido ya desde el título y ratificado mediante un epígrafe de William Blake, dicha percepción empapa las acciones de personajes que se acomodan para conformar una geometría construida mediante triángulos de diferente condición. Al final de la lectura destacan los perfiles de un diseño que remite al lector a las celdillas de un avispero.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-47"></span><br />
Un “Repartidor (la mayúscula obedece a que tal oficio deriva en apelativo) de pizzas” atosigado por su precaria situación económica, arriba a un departamento cuya ridículo alquiler es a causa del suicidio de su anterior inquilino: Fabián. El edificio es viejo y habitado por una caterva de ancianos tan esperpénticos como metiches. La Niña (uno de los personajes calcula su edad entre 10 y 11 años) del departamento vecino verá la oportunidad de recuperar, con la al principio involuntaria ayuda del Repartidor, la extraña y sugerente relación sostenida con Fabián y apenas rota con su repentina muerte. Como antes, la nueva tercia de personajes quedará conformada por los únicos pobladores jóvenes del también decrépito y maloliente edificio de departamentos.<br />
El Repartidor descubrirá que Fabián, fotógrafo de modelos, cuenta con un oscuro pasado del que dan cuenta las imágenes (entre pornográficas y eróticas) que colman las manchadas paredes de la recámara y que nadie, por prisa, terror o abulia, se ha acomedido a despegar.<br />
Lo que viene después es la organización, simétrica y eficaz, de los diferentes triángulos conformados por una numerosa nómina de personajes que salen a cuadro para establecer una variedad de relaciones interpersonales sostenidas por el odio, el deseo, la violencia, el sadismo o la codicia; y donde todos, tal y como asegura uno de los personajes, cumplen el papel de alguno de los miembros de una triada (la que constituye <em>el spaghetti western</em>, <em>El bueno, el malo y el feo</em>) fundamental para la trama novelística. Por reducción al absurdo, el lector descubre pronto el papel que, momentáneamente, representa cada uno de los personajes. Para la Niña, vértice del que surgen y al mismo tiempo se conectan todas las acciones, Clint Eastwood es el ente ficticio que vendrá a rescatarla de su atroz circunstancia, revestido en una especie de príncipe del Oeste. Un héroe cuyo papel representó primero Fabián y ahora, en el tiempo de la novela, reactúa ese Repartidor de pizzas que experimenta una rápida transformación gracias a las fotografías en la pared y a la vestidura de los finos trajes que el suicida abandonó en el departamento.<br />
En el viejo edificio donde nada parece ocurrir, todos los inquilinos se vigilan, se acechan, se agraden o resguardan una historia que contrasta con la rutina y aparente calma sugeridas por pasillos y fachada. El licenciado Loveland (administrador del edificio y amante de Felicidad, la dueña del inmueble, quienes junto con Fabián son los únicos personajes con nombre propio) es un inveterado pederasta interesado en proteger, mediante su particular estilo, a la infante a quien su madre vende o alquila según las circunstancias.<br />
Felicidad, masoquista y promiscua, recluta prostitutos para satisfacer las ansias que ni marido ni amante alcanzan a apaciguar. La Niña forma parte de los desnudos que tapizan las paredes y gusta de espiar al Repartidor cuando éste hace el amor con su novia. La ninfeta conoce sus armas y las utiliza para seducir al nuevo Eastwood que, condolido por su pobre suerte como antes Fabián, promete rescatarla de la bruja (ogresa, tal vez) que la martiriza y prostituye.<br />
Dije que la novela se divide en dos partes; en la primera, El círculo, cuyos fragmentos aparecen titulados mediante grados de la circunferencia, Fabián-Niño relata en primera persona su ardua situación con sus padres: un triángulo signado por el abuso, la violencia y el desamor. El círculo de las relaciones familiares (caldo de cultivo de todas las neurosis) que Fabián-Niño cierra mediante un acto extremo que no conviene aclarar aquí, volverá a abrirse tal y como ordenan la leyes de la geometría (el grado 360 de toda circunferencia siempre antecede al 1 de la siguiente) en su continuación obligada: la repetición de la misma historia inscrita en otra circunstancia y con diferentes personajes. En la segunda parte, El triángulo, Fabián es una ausencia presente en sus fotografías y en la huella de su paso impuesta en quienes lo conocieron. El vértice del triángulo que antes representó Fabián, queda ahora a cargo del Repartidor, quien contribuye a su vez al esquema general, con los triángulos de una vida hasta entonces anodina.<br />
Asumo que Norma Lazo intentó ir más allá de contar una historia de pedofilia, sadismo, prostitución infantil o voyerismo. Tampoco, a pesar de que todo eso aparece, se propuso describir un “club de inquilinos decrépitos”, una nómina de vicios ocultos, un catálogo de pasiones y relaciones extrañas o aberrantes ubicadas en triángulos descompuestos o enfermizos. Ni siquiera la extrema capacidad de seducción que alcanzan algunas Lolitas del Anáhuac. Y lo asumo porque el entramado novelístico evidencia un patrón de actividades en donde las relaciones siempre involucran de manera íntima o directa a tres personajes, dos de ellos de alguna manera afines y un tercero antagónico a la pareja bien avenida. Triángulos donde al menos uno de los vértices forma parte de otra figura que repite a su vez, con nuevos personajes, la misma coexistencia violenta, absurda o enfermiza.<br />
En su conjunto, esta figura geométrica, repetida al infinito, reproduce el esquema de las relaciones amorosas o simplemente sociales. Cada triángulo guarda y resguarda a la víctima, al victimario y al posible salvador (Clint Eastwood o su representante en este caso). Prácticamente ninguno de los personajes tiene nombre, sólo función u oficio. Para Norma Lazo vivir significa ser víctima o verdugo; de ahí que la esperanza de la salvación a la que todos aspiramos quede representada por un volátil y vaporoso héroe de la pantalla de plata, para luego convertirse en el guiño burlesco o irónico del destino. En este sentido, El dolor es un triángulo equilátero puede leerse como una novela de educación sentimental con el colofón de una enseñanza demoledora: no hay príncipe azul ni blondie cinematográfico que lo represente; por ende, tampoco existe esperanza, y si alguno la tiene mejor haría en asesinarla cuanto antes. En eso, quizás, estribe la madurez.<br />
El dolor es un triángulo equilátero es una novela de ideas, siempre bienvenida en una actual tendencia novelística donde la repetición de acciones espontáneas y extremos desatinos, sustituyen la obligación de construir una trama por sencilla que sea. Con esta su tercera novela, Norma Lazo convoca a una costumbre que mucho de los textos actuales no permiten ejercer: el subrayado. Comparto uno de los míos: “la esperanza sólo corrompe el curso cruel del universo”. La cita aparece al final de la novela y todos los esfuerzos de la autora conducen a demostrarlo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:14.2pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;">* Publicado originalmente en <em>Nexos</em>, núm. 348, diciembre de 2006</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;"><!--more--></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:left;text-indent:14.2pt;"><span style="color:#333300;"><strong>De oscuridades luminosas</strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;"><span style="color:#ff0000;"><em>Claudia Guillén</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-indent:14.2pt;">El sufrimiento, el crimen, el abuso, la evasión, la coincidencia, el reconocimiento, la decrepitud son los temas que, abordados frontalmente por Norma Lazo desde una perspectiva poco común en las letras mexicanas, tejen las historias de Fabián y una niña frente al desasosiego de la realidad en la que habitan.<br />
En la literatura mexicana contemporánea no son muchos los autores que se atreven a abordar sin tapujos los temas “desagradables”, con la conciencia de que se escribe con búsqueda estética y no por simple provocación. Sucede con Norma Lazo quien, en su nuevo libro, El dolor es un triángulo equilátero, no teme narrar lo que su mundo interior le exige, por más escalofriante que parezca, y se interna con naturalidad en el tema del abuso, abordándolo en sus distintas manifestaciones —ya sea abuso sexual, violencia soterrada, o bien, desde la impunidad de los abusadores—. Con el fin de suavizar el impacto que representaría la exposición cruda de los hechos, Lazo recurre al simbolismo de la geometría. Así, el círculo envuelve al triángulo, y ambos se constituyen símbolos de una complejidad inagotable.<br />
Los ejes de El dolor es un triángulo equilátero son dos niños que, a pesar de vivir su infancia en distintas épocas, se unen en el tiempo en una simbiosis de miedos y fantasías que les sirve para enfrentar el mundo adulto, que arremete contra ellos sin consideración. En este mundo adulto de la novela se desenvuelven personajes rebasados de violencia y desamor, cuya ética pareciera bordada en lo siniestro, lo indecible.<br />
El relato se articula en dos planos: una suerte de prefacio traza el “Círculo”, donde se narra la historia infantil de Fabián, testigo de la violencia sexual ejercida por sus padres en la intimidad. Ellos ignoran que son observados y, en lo cotidiano, se desenvuelven con la naturalidad que dictan las tradiciones familiares. Por su parte, Fabián crea un mundo imaginario para refugiarse que, sin embargo, resulta insuficiente, pues el pequeño comete un crimen que trastocará el destino de quienes lo rodean.<br />
Pasan los años.<br />
En un segundo plano —el “Triángulo”—, la hija de la portera del edificio donde suceden los hechos conoce a un Fabián ya hombre. Él le comparte su imaginario con el fin de que la niña encuentre en él cobijo y así pueda huir de los constantes abusos de su madre, de un hombre mayor que la ronda y de los demás inquilinos del edificio.<br />
En la atmósfera gótica del viejo inmueble transita una serie de ancianos decrépitos, cabezas desmanteladas por el ocio, que, incapaces de reconocer cualquier forma de nobleza, inventan historias perversas sobre la relación entre Fabián y la niña maltratada. Al perseguirla, al envolverla en la maledicencia, desencadenan conflictos cuya motivación, entre otras cosas, es la envidia que les despierta quien encarna una edad para ellos perdida. Liderados y manipulados por una anciana de mente sinuosa, los personajes lo carcomen todo hasta desvencijar la esperanza que resta en los inquilinos y que aún no había sido consumida por el paso de los años.<br />
El recuerdo de Fabián, artista de la lente, representa la estética, el buen gusto. Sin embargo, al faltar él aparece otro joven, dueño de una naturaleza opuesta, que habita el departamento de Fabián y se apropia de sus cosas, posiblemente hasta de sus pensamientos. Se trata de un repartidor de pizzas, por lo que apenas cuenta con unos pesos y algunos trapos para vivir. A partir de su llegada al edificio empieza a experimentar pequeñas transformaciones, hasta que su visión del mundo cambia radicalmente.<br />
Habitante de un universo sórdido, donde no tiene amigos de su edad con los cuales convivir, las únicas relaciones gratas de la hija de la portera son, primero, Fabián y su novia, y después el repartidor de pizzas. Oprimida entre el hostigamiento de su madre, las miradas trastocadas de la anciana que la vigila y la persecución lasciva y permanente de un hombre maduro, la niña asume un carácter provocador, impertinente. Su rostro expresa un cinismo que se alimenta del resentimiento y de sus pulsiones por sobrevivir. Su único escape posible es adentrarse en el mundo de fantasías que le compartió Fabián.<br />
Tras un planteamiento tenso donde la oscuridad adquiere tonalidades luminosas y la sordidez arranca sensaciones de ternura, la ágil y accesible prosa de Norma Lazo teje una trama que sorprende por el manejo de las estructuras. En ella se intercalan el mundo de la fantasía y el del abuso infantil con una naturalidad que estremece. Sólo gracias a este juego de contrastes, el lector puede alcanzar algunos remansos durante una lectura trepidante, plena de emociones y sobresaltos.<br />
Autora también de <em>El horror en el cine y la literatura</em>, <em>Noches en la ciudad perdida</em> y <em>Los creyentes</em>, la voz de Norma Lazo es portadora de un universo muy particular, que invita a transitar por caminos no del todo gratos aunque sí atractivos, porque representan esa parte siniestra y oscura, en suma, una de las esencias de nuestra condición humana.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;"><span style="font-family:Garamond;"><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:14.2pt;"><span style="font-family:Garamond;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;" align="right">* Publicado originalmente en <em>Hoja por Hoja</em>. <em>Suplemento de Libros</em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;text-indent:14.2pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-family:Garamond;"> </span></p>
<p><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0 21   false false false        MicrosoftInternetExplorer4  &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;   &lt;![endif]--><!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Garamond; 	panose-1:2 2 4 4 3 3 1 1 8 3; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --><!--[if gte mso 10]&gt; &lt;!   /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} --> <!--[endif]--></p>
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		<title>Tres notas sobre Rubén Salazar Mallén&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Nov 2008 00:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>morariverajj</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Rubén Salazar Mallén en primera persona* Rubén Salazar Mallén Si me lo preguntaran, yo diría que las novelas que he publicado pueden clasificarse en dos grupos. En uno de ellos, cabrían las obras que se sustentan en la vida privada: Camino de perfección (1937), Soledad (1944) y La iniciación (1966). En el otro grupo habría [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=39&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_42" class="wp-caption aligncenter" style="width: 710px"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/salazarmallenyotros.jpg"><img class="size-full wp-image-42" title="salazarmallenyotros" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/salazarmallenyotros.jpg?w=700&#038;h=233" alt="Rubén Salazar Mallén con Jaime Sabines, Paco Malgesto y Rosario Castellanos" width="700" height="233" /></a><p class="wp-caption-text">Rubén Salazar Mallén con Jaime Sabines, Paco Malgesto y Rosario Castellanos</p></div>
<p><strong><span style="color:#ff0000;">Rubén Salazar Mallén en primera persona*</span></strong></p>
<p style="text-align:right;"><strong><span style="color:#333300;">Rubén Salazar Mallén</span></strong></p>
<p>Si me lo preguntaran, yo diría que las novelas que he publicado pueden clasificarse en dos grupos. En uno de ellos, cabrían las obras que se sustentan en la vida privada: <em>Camino de perfección</em> (1937), <em>Soledad</em> (1944) y <em>La iniciación</em> (1966). En el otro grupo habría que incluir las obras cuya base es la vida social: <em>Páramo</em> (1944), <em>Ojo de Agua</em> (1949), <em>Camaradas</em> (1959), <em>¡Viva México!</em> (1968), <em>La sangre vacía</em> (1982) y <em>El paraíso podrido</em> (1986).</p>
<p><span id="more-39"></span></p>
<p>Claro que esa clasificación es convencional y relativa, porque en la novela, como en la realidad, la vida privada y la vida social se entrecruzan y hasta se imbrican.</p>
<p>A eso hay que añadir que una antología novelística de un solo autor, sólo puede lograrse desde una disposición arbitraria, ya que una novela es una totalidad que no puede ser representada por una de sus partes o uno de sus capítulos. Puede, eso sí, dar idea de la evolución literaria del autor de las novelas.</p>
<p>* Publicado en <em>Rubén Salazar Mallén. Material de Lectura</em>, editado por la UNAM, en la colección del mismo nombre, en la serie &#8220;El cuento contemporáneo&#8221;, No. 32 (título del editor del blog).</p>
<p><!--more--></p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Hemos venido a cumplir un destino&#8230; Rubén Salazar Mallén**</span></strong></p>
<p align="right"><strong><span style="color:#333300;">Javier Sicilia</span></strong></p>
<p style="text-align:justify;">&#8220;Las fechas -dice Borges- son para el olvido&#8221;, pero en este caso nos dan luz sobre la personalidad de un hombre y aclaran las relaciones de su obra.</p>
<p style="text-align:justify;">Rubén Salazar Mallén nace en Coatzacoalcos, Veracruz, el 9 de julio de 1905. A los cinco años vive la Revolución. Muy joven se traslada a la ciudad de México donde sufre una hemiplejía que lo acompañará toda su vida y estudia Derecho. Escribe novelas que incinera. Hace un periodismo mordaz que le da cierto renombre. Como todos los inconformes se rebela y milita en las filas del vasconcelismo contra un sistema político que en 1929 preludia el fracaso de los ochenta. Decepcionado ingresa en 1930 al Partido Comunista. Una nueva decepción paradójicamente lo lleva al fascismo. Escribe la primera novela anticomunista, <em>Cariátide</em>, cuyos fragmentos publicados en la revista <em>Examen</em>, dirigida por Jorge Cuesta, desencadenan una persecución judicial contra ellos. A partir de 1944 rompe con el fascismo y abraza el anarquismo. Pero su pasado lo condena. Ese mismo año el consejo de la revista <em>El hijo pródigo</em> rechaza la publicación de su obra <em>Páramo</em>: &#8220;Es por tus ideas políticas, eres reaccionario.&#8221; &#8220;Sé que defendiste al fascismo en México, mientras que a mi familia la asesinaban los fascistas de España, por consiguiente tengo que oponerme a ti.&#8221; Desde entonces su obra conoce la marginalidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Las razones son de orden político. La literatura mexicana de nuestro tiempo, por lo menos hasta hace poco, cuando muchos decepcionados por el marxismo y su promesa reconocieron que la culpabilidad nos pertenece a todos, repudiaba a cualquier escritor que hubiese sido sospechoso de fascismo; consideraba que ser de izquierda era una virtud; aceptaba, como un dogma, que quienes habían sido fascistas, aunque el arrepentimiento los hubiese hecho avergonzarse, eran incapaces de escribir con altura. Otros no, otros, que disintiendo del dogma comunista no habían coqueteado con el fascismo, eran bien vistos. La literatura mexicana podía exhibir sin vergüenza las obras de Revueltas o las de Paz.</p>
<p style="text-align:justify;">A Dios gracias, muchos de nosotros ya no vivimos de la condena. Adolecemos de graves defectos, pero no del defecto de la falta del perdón. Ahora podemos también frecuentar a Salazar Mallén sin temor y reconocer que su obra literaria nada tiene que ver con el fascismo y mucho con el hombre. A diferencia de otros que ponen su literatura al servicio de su ideología, Salazar Mallén ha hecho de su contradictorio peregrinar político un estilo de vida que le ha permitido describir la miseria humana. Lo que confirma esa extraña frase de las tradiciones religiosas: &#8220;Hemos venido a cumplir un destino.&#8221; Si Salazar Mallén fue y es contradictorio, ha sido para narrar nuestra realidad: el universo también contradictorio que se oculta tras el decorado de la historia; el universo de los caciques, de la intimidad del Partido Comunista de los años treinta, de la corrupción de nuestro sistema político, de la guerrilla urbana, de la lascivia y las pasiones, de los laberintos del poder.</p>
<p style="text-align:justify;">[...] El mundo de la miseria recorre sus líneas con todos los adjetivos de la mordacidad y de la decepción. Es una invitación para encontrarnos con sus libros.</p>
<p style="text-align:justify;">
<p>** Nota introductoria de <em>Rubén Salazar Mallén. Material de Lectura</em>, editado por la UNAM, en la colección del mismo nombre, en la serie &#8220;El cuento contemporáneo&#8221;, No. 32 (título del editor del blog).</p>
<p style="text-align:justify;">
<p><!--more--></p>
<div id="attachment_44" class="wp-caption alignleft" style="width: 208px"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/sentidocomunmallenuv.jpg"><img class="size-medium wp-image-44" title="sentidocomunmallenuv" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/sentidocomunmallenuv.jpg?w=198&#038;h=300" alt="Portada de El Sentido Común, editado por la UV" width="198" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Portada de El sentido común, editado por la UV</p></div>
<p><span style="color:#993300;"><strong>Salazar Mallén, escritor corrosivo para el poder***</strong></span></p>
<p style="text-align:right;"><strong><span style="color:#003300;">Jorge Luis Espinosa</span></strong></p>
<p>En el centenario del autor de <em>El Paraíso Podrido</em> impera el silencio hacia la obra de quien fue excluido de círculos literarios; irrumpió con el lenguaje duro en la novela mexicana de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p>Cuando hace 100 años, un 9 de julio, Rubén Salazar Mallén llegó al mundo en el poblado de Coatzacoalcos, Veracruz, nadie imaginaba que recorrería prácticamente todo el siglo como esa &#8220;bestia negra&#8221; o &#8220;lobo solitario&#8221; de la literatura mexicana dispuesto a morder al poder de todo tipo: literario, político o financiero.</p>
<p>Hombre de izquierda como de derecha, comunista y fascista a tiempo y destiempo, amigo de políticos como Miguel Alemán y de radicales como José Revueltas, periodista devastador y atento maestro de los jóvenes, Salazar Mallén vivió y agotó el siglo XX mexicano en casi todas sus aristas.</p>
<p>Pero si las pasiones políticas y la seducción de las ideologías fueron incendios de días o años, la literatura fue el fuego que nunca menguó ni ante las peores tormentas o el silencio del entorno, capitaneado por el entonces presidente de la República de las Letras: Octavio Paz, quien nunca perdonó a Salazar Mallén haberlo acusado de oportunista.</p>
<p>&#8220;Yo lo conocí en la Facultad a mediados de los 70. Era profesor de Historia de las Ideas Políticas. Nos hicimos amigos y fui a su casa. Nadie lo leía y publicaba en una editorial marginal: Costa Amic. Pero era muy impresionante ver a este hombre marginado por todos escribiendo cuando había perdido todos sus lectores como novelista, aunque no como periodista&#8221;, recuerda el poeta Javier Sicilia, quien en los 80 inauguraría un resurgimiento de la vida y obra de Salazar Mallén.</p>
<p>Aunque hoy, dice, el silencio ha vuelto en torno de él. De su centenario nadie se acordó. &#8220;Hubo intentos tímidos de hacer algo en la UNAM, pero finalmente no sucedió nada&#8221;, explica Sicilia.</p>
<p>De hecho, lo único que ha sucedido recientemente con Salazar Mallén es la reedición de <em>Soledad </em>en la colección <em>Confabuladores </em>de la UNAM este año. &#8220;Esta es su novela mayor y las más reeditada, pero sería bueno que el Fondo de Cultura Económica publicara, sino sus <em>Obras reunidas</em>, por lo menos todas sus novelas&#8221;, precisa el autor de La presencia desierta.</p>
<p>Sicilia es uno de aquellos jóvenes que junto con José Luis Ontiveros, Christopher Domínguez, Evodio Escalante y otros, se reunieron en torno de Salazar Mallén en los últimos años de su vida. &#8220;Las generaciones anteriores a la mía miraban con desdén o sorpresa la fascinación provocada entre nosotros por un escritor que algunos ya creían muerto o jubilado gracias a la justicia del olvido&#8221;, escribe Domínguez Michael en <em>Tiros en el concierto</em>.</p>
<p>Y más raro aún, que Salazar Mallén llamara lo mismo a un escritor de orientación fascista como Ontiveros, que a un poeta de profundas convicciones cristianas como Sicilia o a un ácido crítico como Domínguez Michael; los tres, autores de los mayores ensayos en torno del autor de <em>El paraíso podrido</em>.</p>
<p><em><strong>El paraíso perdido</strong></em></p>
<p>A Salazar Mallén la vida casi nunca le fue fácil, sobre todo a partir de los 13 años cuando sufre una hemiplejia y queda con un lado del cuerpo dañado, por lo cual tenía que arrastrar una pierna y su brazo permanecía inmóvil, como la garra de una ave de presa, preparada para un combate que no tardaría en llegar.</p>
<p>Porque, como anota Domínguez Michael, los hombres que sufren la desgracia del defecto físico a menudo escogen entre la vergüenza y la provocación. &#8220;Rubén se vanagloriaba de su cuerpo de svástica y con esa actitud decidió merodear por la literatura mexicana como un lobo solitario, desdeñoso de las sobras del banquete y dispuesto a contagiar la rabia&#8221;.</p>
<p>Periodista dipsómano y devastador, hombre de todos los burdeles, mexicano fracasado y resentido, amargado y feroz, Salazar Mallén, recuerda Domínguez Michael, fue la mala hierba en el jardín del progreso, &#8220;inofensiva, pero aún hostil&#8221;.</p>
<p>Para Javier Sicilia, Rubén Salazar Mallén ha sido el más incómodo de los escritores mexicanos. &#8220;Una leyenda de bestia negra, que cultivó con fruición, lo persiguió toda su vida. Quienes lo odiaban lo llamaban &#8216;Cuasimodo&#8217; o &#8216;La Svástica&#8217;. Su vida y su obra fueron una rebelión y una afirmación de sí, que lo llevaron por todos los derroteros y todas las confrontaciones&#8221;.</p>
<p>Algunas de ellas lo pusieron en la cárcel y otras le provocaron golpizas, ya por su antiguos camaradas rojos o en la cantina. &#8220;Como que siempre había alguien con quien chocaba. Yo lo tuve que defender en algunas ocasiones&#8221;, dice un antiguo contertulio suyo del Café La Habana, uno de aquellos &#8220;Metáforos&#8221;, con los que el autor de <em>Cariátide</em> se reunía todos los días en los años 50.</p>
<p>Este antiguo compañero suyo, cuyo nombre prefiere omitir para evitar &#8220;colgarse&#8221; de la fama de Salazar Mallén, refiere que como sabía un poco de box, en algunas ocasiones tuvo que enfrentarse a quienes se pasaban de listos. &#8220;Recuerdo que en una ocasión, un poeta al que le llamaban El Peruano se le ocurrió estrellar a Rubén contra la pared. Lo busqué y le di su merecido&#8221;.</p>
<p>Los &#8220;Metáforos&#8221; no querían ni a Alfonso Reyes, ni a Salvador Novo ni mucho menos a Octavio Paz. &#8220;Del café de La Habana salieron frases como: Nalgador Sobo o Capeluquita Roja, como le decíamos a Novo, porque usaba una peluca de color caoba. En cambio a Alí Chumacero le decían Alí Chupacuero. Eramos como adolescentes en pleno juego. A Rubén le decíamos: Rumbel Nalgazar Mayate&#8221;.</p>
<p><strong>Una novela perfecta </strong></p>
<p>Si para Domínguez Michael, Salazar Mallén es un novelista menor, excepto por <em>Soledad</em>, para Sicilia el autor de <em>Cariátide</em> es un escritor sumamente importante dentro de las letras mexicanas, con todo lo contradictorio y aberrante que podría ser su pensamiento político.</p>
<p><em>Soledad</em> (1944) dice Sicilia es una novela perfecta y <em>Cariátide</em> que luego resurge con el nombre de Camaradas es la primera novela urbana y anticomunista en México. En ella se denuncia el totalitarismo en que devendrían los régimenes socialistas. Además es la primera novela mexicana donde se incluyen malas palabras&#8221;.</p>
<p>De hecho, como recuerda Sicilia, Jorge Cuesta publicó en la revista <em>Examen</em> los dos primeros capítulos de <em>Cariátide</em>, donde la lengua de la calle y las mentadas de madre se hacían explícitas.</p>
<p>Pero por ello mismo fueron acusados y procesados por atentar contra el pudor y las buenas costumbres, algo de lo que finalmente fueron exonerados por el juez Jesús Zavala en 1932.</p>
<p>Pero a <em>Cariátide</em> la mala suerte la perseguiría, porque nunca fue publicada. &#8220;En una borrachera, Salazar Mallén la quemó, porque, decía, esa noche hacía mucho frío y la usó para calentarse, aunque luego retomaría el tema en <em>Camaradas</em>.</p>
<p>Pero en los 80, Sicilia hurgando en el archivo de Salazar Mallén encontró algunos fragmentos que se habían salvado del fuego, con los cuales publicó <em>Cariátide</em> a destiempo y otros escombros, un libro que devolvió a Salazar Mallén a la actualidad.</p>
<p><span style="color:#993300;"><strong>*** Publicado en <em>El Universal</em>, viernes 08 de julio de 2005.</strong></span></p>
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		<title>Danzón dedicado a&#8230; Juan Vicente Melo</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2008 17:02:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>morariverajj</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Luis Arturo Ramos Juan Vicente Melo fue el primer escritor que conocí; el primero a quien estreché la mano. El primero que escribió un autógrafo en un libro comprado con mi dinero. Tal acontecimiento significó el encuentro con un mundo, con una posibilidad largamente meditada. La literatura cobraba forma definida en aquel hombre que me [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=36&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;">
<div id="attachment_37" class="wp-caption alignleft" style="width: 213px"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/melojv.jpg"><img class="size-medium wp-image-37" title="Juan Vicente Melo" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/melojv.jpg?w=203&#038;h=300" alt="Juan Vicente Melo, en su estudio de Xalapa" width="203" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Juan Vicente Melo, en su estudio de Xalapa</p></div>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#333300;"><strong>Luis Arturo Ramos</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">Juan Vicente Melo fue el primer escritor que conocí; el primero a quien estreché la mano. El primero que escribió un autógrafo en un libro comprado con mi dinero. Tal acontecimiento significó el encuentro con un mundo, con una posibilidad largamente meditada. La literatura cobraba forma definida en aquel hombre que me sonreía y me estrechaba la mano. Acababa de llegar de México para hacerse cargo de la Dirección del Museo de la Ciudad de Veracruz.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-36"></span><br />
Juan Vicente Melo ignoraba entonces que aquella resultaba ya nuestra segunda presentación. La primera ocurrió meses atrás en la sede del Ateneo Veracruzano. Asistí para escucharlo hablar de Emily Brönte y el amor imposible. Ahí, frente a todos, aquel escritor flaco y anguloso afirmaba sin pudor alguno que <em>Cumbres borrascosas </em>era su libro favorito. Para mí, aquel título sólo aludía a una película cursi que le encantaba a mi mamá.<br />
Al final de la conferencia, los miembros del Circulo Literario Moderno, promotores de la charla, desplegaron para su venta los libros del escritor: <em>Los muros enemigos, Fin de semana</em> y un pequeño volumen que se representaba a sí mismo mediante un solo ejemplar: <em>La noche alucinada</em>.<br />
Compré <em>Fin de semana</em> y esperé a que su autor terminara de autografiar ejemplares. Juan Vicente Melo comenzó a escribir en el mío: “Para Luis Arturo (me llamo fulano de tal, le dije cuando se lo extendí), este auténtico fin de semana que, espero, sea le principio de otras obras mejores” (La obediencia nocturna estaba por aparecer). Yo atisbaba por encima de su hombro y pude adelantarme al punto final. “Yo también escribo”, aclaré venciendo mi segundo miedo. El escritor seguramente sonrío, y sin levantar la pluma, continuó de corrido… “Con la esperanza de leer, pronto, libros tuyos” y selló aquella esperanza con los rasguños de su nombre que repetían, tres, cinco, diez veces, los ángulos de su cara.<br />
Aquel pronto tuvo verificativo diez años después con la publicación de mi primer libro de cuentos, a cuya fiesta de bienvenida asistió el escritor y fue ocasión de que recibiera de su parte el segundo autógrafo. Pero de eso hablaré más adelante.<br />
El segundo miedo quedó conjurado con la dedicatoria. El primero lo había sentido hasta el delirio minutos antes, cuando pretextando una ida al baño fui a pegar en una de las columnas del lobby una pequeña calcomanía: Dos de Octubre, día de luto nacional. No escuché el resto de la conferencia porque el miedo me hacía sentir el olor de la goma subiendo desde mis dedos, llenándome con la pestilencia del pegamento. A esta horas, justo cuando Heathcliff regresa para ver de a cómo les toca, deben haber descubierto la calcomanía, estarán llamando a los granaderos, ya llegan. Me interrogan, olfatean el pegamento en mis dedos criminales… Comencé a tallarlos en el brazo de la butaca, en el respaldo, en la manga de la camisa. Me los llené de saliva y no pude unirme a los aplausos que premiaban al escritor porque equivaldría a perder un tiempo valioso.<br />
Cuando abandoné la sala fui a inspeccionar la columna. La calcomanía ya no estaba ahí. Tampoco había granaderos, judiciales o algo que se les pareciera. Entonces compré Fin de semana, pagué quince pesos, y me atreví a decirle a Juan Vicente Melo que yo también escribía.<br />
Diez años después Juan Vicente me autografió Los muros enemigos, mismo que, curiosamente, también me costó quince pesos. El escritor anotó: “Discípulo amado, ¿quién nos iba a decir, diez años después, ma’o’meno’?”. Y, otra vez, el “Juan Vicente” solito rematando la observación. Noto ahora que el gancho de la Jota resulta más barroco, y que la Te del segundo nombre parece una vela china cuando antes semejaba una macana policiaca (¿sería una simbólica manera de aludir la represión de aquellos años?). Lo que continuaba igual era su amor por la comas y las frases incidentales.<br />
De esta segunda dedicatoria conviene esclarecer el intríngulis. En 1970 obtuve la mitad de un primer premio (la otra mitad se la llevó Jaime Turrent) de cuento que fue patrocinado por la Feria Ganadera, Industrial, Comercial y Cultural (en ese orden) de San Andrés Tuxtla, Veracruz. Juan Vicente Melo fue uno de los jurados y fue también quien me comunicó la decisión oficial. Y lo hizo no sin antes espetarme un “Ya te liberaste, maestro” al que correspondí con un “El maestro eres tú”, “Maestro” expresado con un sonsonete de pasodoble. A esto debo lo de “discípulo”.<br />
Años más tarde, inspirado por el vate autor de <em>Mater admirabilis</em>, encabecé una de mis cartas al escritor con un <em>Master idem</em>. Juan Vicente respondió con un encabezado menos cursi aunque más escandaloso: “Discípulo etcétera”. A esto debo lo de “amado”.<br />
En 1980 compré <em>La obediencia nocturna</em> (agregaré que me costó cincuenta pesos sólo para continuar fiel al método). Acababa de dejar el libro en casa luego de terminada su lectura, cuando me percaté de dos cosas. Una, la ausencia de una dedicatoria; la otra, que su autor caminaba por la misma acera. “Acabo de leer tu novela, maestro”. “Pues ya era hora”, dijo su autor y continuó su camino. Imaginé ahora un malhumor como antes imaginé una sonrisa. De todas formas, advertí que no cabía mejor dedicatoria que aquella que había lanzado en alta voz.<br />
El tiempo no pasa en vano, dicen los clásicos, y Juan Vicente y yo, aunque vecinos de la misma ciudad, no lo somos de las mismas circunstancias. Y es verdad que el tiempo no pasa en vano, nos deja muchas cosas para ayudar a soportarnos a nosotros mismos y a los demás. A mí al menos, entre otras muchas, me ha dejado sus dedicatorias, sus frases lanzadas al viento, el remordimiento que cargué durante años por no haber leído <em>Cumbres borrascosas</em>. Y si muchos tienen la buena costumbre de releer los libros, yo tengo además la de releer sus dedicatorias porque, como dije al principio, Juan Vicente Melo fue el primer escritor que conocí, el primero a quien estreché la mano, el primero que puso algo en un libro que compré con mi dinero.</p>
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		<title>La obsesión del deseo de Jaime Turrent</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2008 04:14:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Turrent, Jaime, La consagración del deseo, 1997 Guillermo Villar Si por su vida, si por sus gestos, si por sus actitudes, Jaime Turrent da la impresión de ser un acelerado, no lo es cuando hablamos de su producción literaria. Lo conocí por los años sesenta y no fue sino hasta el año 71 ó 72 [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=28&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;">
<div id="attachment_33" class="wp-caption alignleft" style="width: 201px"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/turrent.jpg"><img class="size-medium wp-image-33" title="turrent" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/turrent.jpg?w=191&#038;h=252" alt="Juan Javier Mora-Rivera" width="191" height="252" /></a><p class="wp-caption-text">Jaime Turrent / Foto: Juan Javier Mora-Rivera</p></div>
<p style="text-align:right;">Turrent, Jaime, <em>La consagración del deseo</em>, 1997</p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#333300;"><strong>Guillermo Villar</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">Si por su vida, si por sus gestos, si por sus actitudes, Jaime Turrent da la impresión de ser un acelerado, no lo es cuando hablamos de su producción literaria. Lo conocí por los años sesenta y no fue sino hasta el año 71 ó 72 que publicó su ahora mítico cuento “La burbuja azul” en la antología <em>Onda y escritura en México</em> de Margo Glantz. De entonces a la fecha, y conste que median veintitantos años, Turrent nos ha presentado tres novelas más: <em>Los encantados</em>, en 1982; <em>La eterna noche del desconsuelo</em>, en 1987, y la que ahora nos convoca: <em>La consagración del deseo</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-28"></span> Si nos atenemos a su volumen podemos decir que las tres tienen como común denominador ser obras breves, novelas chiquitas para decirlo en términos vulgares y a falta de un término más apropiado que nos evite la pedantería de llamarlas así, en italiano, <em>novelettas</em>.<br />
Con todo, la extensión no será el único denominador común de lo que hasta ahora constituye la obra de Turrent. Existen elementos novelísticos y temáticos que las hermanan, las unifican y que me llevan a decir que, de alguna manera, Turrent se nos muestra hasta ahora como autor de un solo libro que ha ido encontrando diversas formas de expresión. Ramas que se desprenden de un mismo tronco que las alimenta y les da vida, pero que a su vez las sujeta y las une. Las mismas obsesiones, situaciones límite, las mismas atmósferas asfixiantes, el erotismo y el alcohol son elementos que unen sus obras, expresando situaciones distintas.<br />
Como no estamos aquí para hablar de toda la obra de Turrent, una vez señalado lo anterior, paso a mi breve comentario sobre La consagración del deseo, su novela más reciente.<br />
Si de simplificar se trata, de reducir la novela a su mínima expresión, podríamos decir que ésta nos cuenta la relación amorosa y turbulenta de Yaoli, un personaje femenino que atrapa, que cautiva por su carácter desparpajado, entrón, de apetencias sexuales nunca ocultas, de lenguaje directo y retador; los encuentros de esa Yaoli que es una especie de Maga sin límites y ataduras, y el protagonista narrador de la novela. Podríamos agregar que Yaoli es una arquitecta casada con Roberto, un hombre que la arremete y menosprecia, que la reduce a cero dada la imposibilidad de Yaoli para tener hijos. Que el protagonista narrador trabaja en una agencia de publicidad y celebra sus encuentros y desencuentros, acelera o amortigua sus angustias agotando copas de “Fundador” o bloody maries.<br />
Pero quedarse en la pura historia sería cometer el pecado de reducir una novela que merece mucho mejor trato. Dado lo anterior, agregaría algo más.<br />
La consagración del deseo se inicia con una escena cargada de erotismo, el cual habrá de recorrer de manera creciente durante todo el libro. Pero nadie se llame a engaño, <em>La consagración…</em> no es una novela “porno” ni una novela cachonda gracias a la pericia que como escritor tiene Turrent. Ese erotismo desesperado será apenas el síntoma, aquí sí que la calentura como síntoma, de algo más profundo y avasallador que es el amor. El amor o la búsqueda del amor con todas sus caras: la angelical y la demoniaca; el goce y el sufrimiento; el encuentro y el desencuentro; la felicidad plena y el atenazador dolor de los celos y, como telón de fondo, una Ciudad de México con su multitud de individualidades, sus vendedores ambulantes, su violencia descarnada, su tráfago que marea y todas esas cosas que unidas se convierten en obstáculos no ya para la consumación del deseo sino para su consagración que sólo habrá de alcanzarse con la muerte de los protagonistas.<br />
Novela tensa, sin concesiones, obsesiva, lírica y estrujante, juguetona a veces, oscura las más, nos ofrece, además, la plenitud de un lenguaje y una arquitectura novelística a los que Jaime Turrent ha llegado en su obsesión por lograr la perfección expresiva.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/almacendenotas.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/almacendenotas.wordpress.com/28/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=28&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El inventario del pasado: Nuestra alma melancólica en conserva</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2008 17:40:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>morariverajj</dc:creator>
				<category><![CDATA[Agustín del Moral]]></category>
		<category><![CDATA[Artistas veracruzanos]]></category>
		<category><![CDATA[Intelectuales veracruzanos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Mexicana]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Mexicana]]></category>
		<category><![CDATA[Nuestra alma melancólica en conserva]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Zavaleta Betancourt]]></category>

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		<description><![CDATA[Alfredo Zavaleta Betancourt Del Moral Tejeda, Agustín, Nuestra alma melancólica en conserva, UV, 1997, Xalapa, Ficción, 236 pp. Esta novela podría ser una historia amarga, si la soledad no fuera una oportunidad para modelarnos como siempre hemos deseado. En ella, el narrador decide reunir la pedacería del pasado que le inquieta para ofrecernos una ficción [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=18&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:right;"><strong>Alfredo Zavaleta Betancourt</strong></p>
<p style="text-align:right;">Del Moral Tejeda, Agustín, <em>Nuestra alma melancólica en conserva</em>, UV, 1997, Xalapa, Ficción, 236 pp.</p>
<p style="text-align:right;">
<div id="attachment_19" class="wp-caption alignleft" style="width: 208px"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/agustindelmoral3.jpg"><img class="size-medium wp-image-19" title="Agustin del Moral Tejeda" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/11/agustindelmoral3.jpg?w=198&#038;h=300" alt="Agustin del Moral Tejeda" width="198" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Agustín del Moral Tejeda</p></div>
<p>Esta novela podría ser una historia amarga, si la soledad no fuera una oportunidad para modelarnos como siempre hemos deseado. En ella, el narrador decide reunir la pedacería del pasado que le inquieta para ofrecernos una ficción útil para él y sus lectores; sobre todo, para quienes murmuramos amigablemente de su personalidad indefensa.</p>
<p><span id="more-18"></span></p>
<p>Allí, en su pequeña historia, un adolescente se entera que uno de sus primeros profesores fue capturado por sus campañas guerrilleras y decide, inconscientemente, contribuir a su liberación a pesar de los costos de esa empresa; sin embargo, este argumento básico es tematizado con una habilidad extraordinaria que nos obliga a caer entre las letras de su escritura.<br />
Esta confesión tardía es un esfuerzo del narrador para desarrollar una genealogía de sí mismo, un inventario elaborado desde el presente para ordenar los papeles de un viejo asunto archivado, mediante un juicio a veces severo, a veces injusto, pero siempre consciente de que sólo le resta decir “así lo he decidido”.<br />
Para tal efecto, se esfuerza por arreglar el pasado de un adolescente provinciano desapareciendo en su escritura para modelarse en el presente como un diestro hacedor de memorias personalísimas, pero al mismo tiempo, por un extraño sortilegio semántico, colectivas: mientras tanto, nos ocupa como jueces de sus principales personajes.<br />
En tales circunstancias, la novela puede leerse como la genealogía de un sujeto y de la inusitada oportunidad que contingente se le ofrece a éste para liberarse, a pesar de su abatimiento. Si no se leyera así, presumo que la narración sería una historia amarga, ordinaria, desalmada, una conserva nada exquisita que nunca sería abierta y untada en nuestras vidas.<br />
Bajo este piso, el narrador desenmascara la paradoja de los padres emancipatorios del personaje, que bien pueden ser los padres de todos los que constituimos la “generación militante”, puesto que en todo momento, los del protagonista, sin saber, le sujetan a un guión político, al principio extraño, pero que después de una metamorfosis obscura se hará inexplicablemente imprescindible.<br />
Sí, ellos, sus padres, se las arreglan para que Gómez Souza le imparta clases; sí, ellos, sus padres le presentan a Lacho el activista; sí, ellos, sus padres le hablan de la madre del profesor; si, ellos, sus padres, le informan que se encuentra preso… sí; pero, ellos, sus padres, le ruegan exigiendo “Visítalo, pero hazlo allá, de vez en cuando”.<br />
Para entonces, “el dictado” interior del adolescente es inexorable, la sustitución imaginaria del padre coronada por las imágenes de los guerrilleros foquistas no podrían desestructurarse con las temerosas quejas, expresadas como resistencia, del pare real que ve difuminada su autoridad “natural” y jurídica; ni siquiera, con la última intentona desesperada: “Estás obsesionado con él”.<br />
Para entonces, el “enamoramiento” fabricado en el taller familiar estaba fraguado; además, irremediablemente amenazado por otra sujeción. Así, las continuas visitas del adolescente al prisionero político, sus conversaciones y el último encargo de registro en un concurso, de algunos poemas producidos por éste en el encierro, sólo configuraban una oportunidad, sin la cual sería siempre un sujeto, y sin la cual, el narrador permanecería callado… como todos nosotros.<br />
Si el adolescente, que es el narrador, hubiera desechado esa oportunidad y decidiese en ese entonces continuar con sus estudios “biosociológicos”, no se hubiera modelado como un narrador completo desde su primera novela. Por eso, la última visita a Gómez Souza, después de su liberación, donde el expresidiario le despide, es la renuncia del padre a tutelar un hijo que no pidió; aunque el adolescente no lo entendiera, es la autoridad de su liberación.<br />
Sin duda, sufre ese “Ojalá y nunca más vuelva a verte” de Gómez Souza, se siente rechazado, un poco perplejo, un poco resignado, pero esa soledad diseñada por las consecuencias incontenibles de la selección imaginaria del “enamoramiento”, sin padres y sin mujer, es la oportunidad para construir su autonomía, aunque ésta fuese tan rara y sospechosa, nacía de sus propias palabras, contra el dictado que lo sujetaba, “No se preocupe… Nunca más volveré a hacerlo”.</p>
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		<title>La isla de madera: la invención del paraíso</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Oct 2008 00:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>morariverajj</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Darío Carrillo]]></category>
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		<category><![CDATA[Rafael Antúnez]]></category>

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		<description><![CDATA[Darío Carrillo Antúnez, Rafael, La isla de madera, UV, 1996, Xalapa, Ficción, 99 pp. Novela psicológica, de aventuras, de amor, de soledad… La isla de madera convoca a las palabras para apoderarse del espíritu de lo que nombran. El autor consigue “mantener a las palabras, retorcerles el cuelo y patearles el culo” hasta hacer salir [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=9&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignright" style="width: 196px"><a href="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/10/antunez-rafael_dario-isla1.jpg"><img class="size-medium wp-image-11" title="antunez-rafael_dario-isla1" src="http://almacendenotas.files.wordpress.com/2008/10/antunez-rafael_dario-isla1.jpg?w=186&#038;h=269" alt="" width="186" height="269" /></a><p class="wp-caption-text">Rafael Antúnez /Foto: Juan Javier Mora-Rivera</p></div>
<p style="text-align:right;">
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<p style="text-align:right;"><strong>Darío Carrillo</strong></p>
<p style="text-align:right;">Antúnez, Rafael, <em>La isla de madera</em>, UV, 1996, Xalapa, Ficción, 99 pp.</p>
<p style="text-align:left;">Novela psicológica, de aventuras, de amor, de soledad… <em>La isla de madera</em> convoca a las palabras para apoderarse del espíritu de lo que nombran. El autor consigue “mantener a las palabras, retorcerles el cuelo y patearles el culo” hasta hacer salir de ellas no sólo la recreación del relato bíblico del arca de Noé, sino una suerte de fábula poética cuyo tono deliciosamente melancólico está igualmente ligado a la esperanza.</p>
<p style="text-align:left;">
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<p style="text-align:left;"><span id="more-9"></span></p>
<p style="text-align:left;">En ésta, su primera novela, Rafael Antúnez, a quien ya conocíamos por sus traducciones de Umberto Saba, Dino Buzzati y Guiuseppe Ungaretti, entre otros, o mejor aún, por el libro de cuentos <em>La imaginación de la vejez</em> (Gobierno del Estado de Veracruz, Xalapa, 1992), se nos presenta ahora como un escritor más reflexivo y con mayor sensibilidad.<br />
A lo largo de los cuarenta y ocho capítulos que integran el libro, vemos desfilar personajes que siguen siendo los del mito, pero vistos desde una perspectiva más humana. Noé es un viejo dipsómano preocupado todavía por complacer su líbido. Sus hijos, con excepción de Cam, son holgazanes y codiciosos, Adán configura el arquetipo del poeta; del hombre que necesita nombrar su entorno para el mismo tiempo darse identidad.<br />
Eva representa el otro lado de la moneda, la mujer práctica:</p>
<p>Más que el nombre de las manzanas, deseaba saber el porqué de las manzanas, qué secreta sustancia habitaba dentro de ese fruto todo luz, qué era lo que hacía dulce y carnoso, por qué su esplendor no era perpetuo…</p>
<p>Todos ellos tienen que enfrentarse a los infortunios que implica el estar vivos en una tierra donde las reglas del jugo son dictadas por un ente ajeno, Dios; sin embargo, los personajes no se enfrascan en la desgracia. Emprenden una búsqueda inconsciente hacia su interior y mediante el recuerdo, el amor, el deseo, el sueño y la esperanza, van construyendo una realidad alterna que no sólo los compensa, sino que, más importante todavía, los vivifica.<br />
<em>La isla de madera</em> no propone ningún paraíso como único, no es la infancia ni el amor; cada personaje, al igual que cada lector, irá descubriendo, inventando, el Jardín del Edén de acuerdo con su visión de mundo. El compartir de alguna forma la capacidad creadora de Dios, marca la diferencia entre los hombres y los animales que con ellos viajan en la barca.<br />
Ni el dolor ni la amargura serán lo fundamental. Están presentes, sí, pero no trascienden. Lo que verdaderamente lastima es “la sorpresa y la imposibilidad de hacer algo, el sentimiento de total inutilidad”, y esto solamente ocurre con la muerte.<br />
La novela de Rafael Antúnez provoca frecuentemente cierto afecto de comicidad debido al absurdo cotidiano al que hacen frente Noé y sus compañeros (las pruebas que Noé le pone a Dios, los momentos escatológicos, la llegada de un elefante como mascota…); sin embargo, de ninguna manera puede considerarse una obra humorística. Por el contrario, el pensamiento serio, la reflexión poética, serán las constantes que definirán la obra.<br />
<em>La isla de madera</em> es un libro que por contar con una muy buena estructura y una prosa clara y precisa, puede leerse con placer de una “sentada”; no obstante, detenernos continuamente a pensar y degustar lo leído, aumenta las posibles interpretaciones y nos acerca más a una hermosa novela, íntimo homenaje a la palabra y la creación del universo.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/almacendenotas.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/almacendenotas.wordpress.com/9/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=almacendenotas.wordpress.com&amp;blog=3793741&amp;post=9&amp;subd=almacendenotas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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